José Jerí y su pobreza moral, por Allin Monteza

La frase no fue un desliz ni una ocurrencia espontánea. Fue una declaración cargada de soberbia, clasismo y desprecio. Desde su posición de poder, José Jerí decidió burlarse públicamente del expresidente Pedro Castillo, pero en el fondo no atacó a una persona: despreció a una profesión y, con ella, a millones de peruanos.
Como si ser profesor fuera motivo de vergüenza. Como si la educación sostenida durante décadas por docentes mal pagados, postergados y ninguneados no fuera uno de los pilares que mantiene en pie a este país. Jerí no solo mostró arrogancia; dejó al descubierto una alarmante pobreza moral.
Creer que un título profesional otorga superioridad es una forma vulgar de entender el poder. Ser abogado no hace a nadie más digno, más capaz ni más honesto. La historia del Perú está llena de abogados encumbrados que traicionaron al pueblo, y de maestros humildes que lo defendieron con dignidad.
Cuando un gobernante necesita humillar para reafirmarse, evidencia su debilidad ética. El poder no autoriza la burla, ni legitima el desprecio. Y la soberbia, esa que se ejerce desde un cargo, siempre termina pasando factura.
Porque al final, no es el cartón el que define a una persona, sino su conducta. Y en este episodio, José Jerí quedó retratado no por lo que es, sino por lo que carece.
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